STASSI HECTOR MARTIN
Congresos y reuniones científicas
Título:
Del algoritmo a la rutina: marco taxonómico para el análisis de automatismos organizacionales
Lugar:
Buenos Aires
Reunión:
Jornada; XXXI Jornadas de Epistemología de las Ciencias Económicas 2025; 2025
Institución organizadora:
Universidad de Buenos Aires
Resumen:
El objetivo de esta ponencia es identificar y entender los principales tipos de automatismos de los procesos organizacionales, información que resulta de gran utilidad para el estudio de la implementación de automatismos en las organizaciones. Se entiende por automatización el conjunto coordinado de mecanismos técnicos (sensores, actuadores, algoritmos, datos) y arreglos sociales e institucionales (rutinas, reglas, incentivos, autoridad) que hacen posible que una secuencia de acciones se ejecute con mínima intervención humana directa y con resultados reproducibles. Esta mirada sociotécnica es fundamental ya que evita reduccionismos: ni la tecnología por sí sola explica la implementación de automatismos, ni las reglas sociales pueden sostenerla sin infraestructura técnica adecuada.De la revisión bibliográfica se ha podido caracterizar y agrupar a los automatismos organizacionales en base a las siguientes dimensiones:1. Según la naturaleza de la señal y la lógica de control. Los automatismos actúan sobre señales continuas (analógicas) ?por ejemplo, temperatura o velocidad? y señales discretas (lógicas), que habilitan estados de encendido/apagado. Sobre estas últimas se articulan lógicas condicionales (la decisión depende del estado actual), secuenciales (importa el orden de los eventos), temporizadas (intervienen contadores/temporizadores) y basadas en eventos/reglas (motores de reglas o sistemas expertos). Ejemplo: una línea de envasado que mantiene temperatura por control continuo, y habilita cintas y válvulas con lógicas discretas secuenciales y temporizadas para seguridad. En sistemas híbridos conviven señales continuas y discretas.2. Según la tecnología de implementación. La implementación puede ser mecánica o electromecánica (relés, contactores) y, hoy mayormente, electrónica y programable. La lógica cableada fija comportamientos en hardware; la lógica programada los define en software mediante controladores lógicos programables (PLC) y sistemas embebidos ?microcontrolador (μC) y microprocesador (μP)? integrados con interfaz humano-máquina (HMI) / sistema de supervisión, control y adquisición de datos (SCADA), y con sistema de ejecución de manufactura (MES) / planificación de recursos empresariales (ERP). La estandarización en International Electrotechnical Commission (IEC) 611313 facilita portabilidad y mantenimiento; en oficinas, automatización robótica de procesos (RPA) e inteligencia artificial (IA) materializan automatismos sobre reglas de negocio. Ejemplo: migrar de relés a PLC programado reduce cableado y permite cambios de lógica sin modificar tableros. IEC 61131‑3 estandariza los lenguajes de PLC. En oficinas, la automatización robótica de procesos (RPA) requiere gobierno de versiones y monitoreo por su sensibilidad a cambios de interfaz. La minería de procesos aporta una línea base empírica para refactorizar automatismos, convergiendo lo programable en planta con lo orquestable en back‑office. (El‑Gharib et al., 2023) (Ribeiro, Lima, Eckhardt, & Paiva, 2021) (IEC, 2025) (Upadhyay & Sampalli, 2020)3. Según la arquitectura y función. Los automatismos operan en lazo abierto (órdenes sin realimentación) o lazo cerrado (con feedback desde sensores). Funcionalmente distinguimos: control directo (accionamiento de actuadores y entradas/salidas, E/S en PLC), monitorización (visualización en tiempo real), supervisión (alarmas, históricos, parametrización) y control avanzado (coordinación y optimización entre subsistemas). La automatización adaptativa ajusta parámetros ?y a veces estructuras lógicas? en tiempo real con lógica difusa, aprendizaje o minería de procesos a partir de registros de eventos. Ejemplo: un horno con lazo cerrado y supervisión que ajusta setpoints por recetas y registros históricos para auditoría. La arquitectura condiciona latencias y determinismo: decisiones críticas deben ejecutarse en el borde (edge) cerca del proceso, mientras que el análisis histórico puede residir en sistemas de nivel empresa. La segmentación de redes de tecnología operacional (OT) y su integración segura con tecnología de la información (IT) resguardan disponibilidad e integridad. La observabilidad ?registros de eventos, trazas y auditorías? habilita aprendizaje y rendición de cuentas.4. Según el tipo de proceso/operación. Las tareas rutinarias/repetitivas con reglas explícitas son altamente automatizables (validaciones, conciliaciones, captura de datos). Las no rutinarias que demandan juicio contextual, ambigüedad interpretativa o cuidado relacional resisten o transforman la automatización, apoyándose en sistemas de soporte (IA, tableros, protocolos). Entre ambos extremos aparecen dominios secuenciales/concurrentes típicos de manufactura ?modelados con Gráfico Funcional de Control por Etapas y Transiciones (GRAFCET) o Redes de Petri (RdP)? y procesos de negocio gestionados por Business Process Management (BPM). Ejemplo: en un área de cuentas por pagar, un RPA extrae datos de facturas y aplica reglas; los casos atípicos pasan a revisión humana. La automatizabilidad de un proceso no depende solo de reglas explícitas, sino del acoplamiento con el contexto y la variedad de insumos. Procesos de cara al cliente exhiben mayor variabilidad que tareas de back‑office y demandan automatismos flexibles o soportes a la decisión. En manufactura, la concurrencia obliga a coordinar secuencias con GRAFCET o Redes de Petri; en servicios, los flujos BPM deben contemplar excepciones y escalamientos que preserven criterio profesional y experiencia de usuario.5. Según automatismos tecnológicos y sociales/institucionales. Todo automatismo se estabiliza en rutinas (secuencias repetibles), reglas y normas y formas de gestión algorítmica, donde plataformas y sistemas asignan tareas, miden, recomiendan y, a veces, sancionan. Este eje permite comprender cómo la automatización reconfigura autoridad y autonomía, y por qué la aceptabilidad social es condición de sostenibilidad de los procesos de automatización. (Kellogg, Valentine, & Christin, 2020) (Keegan & Meijerink, 2025)En base a lo expuesto, se puede afirmar que la regularidad organizacional se explica por los siguientes mecanismos: 1- interacción entre feedback técnico, 2- reglas e 3- incentivos que producen patrones estables de acción. La clasificación ofrece categorías intermedias que conectan descripciones del proceso con hipótesis contrastables sobre desempeño y legitimidad.Las dimensiones propuestas funcionan como lenguaje común para equipos técnicos y de gestión, a la vez que guía el mapeo de procesos para la implementación exitosa de los mismos. Por tanto, para clasificar un automatismo se debe responder a las siguientes preguntas operativas: ¿Qué señal o decisión está en juego (continua/discreta y lógica asociada)?, ¿Con qué tecnología se implementa (cableada/programada y su mantenibilidad)?, ¿En qué arquitectura y capa del sistema opera (control, monitorización, supervisión, optimización) y Sobre qué tipo de proceso actúa? Estas respuestas ordenan la conversación y reducen ambigüedades.Por último, se puede mencionar que ser capaces de caracterizar cada tipo de automatización de procesos organizacionales, permitirá poder entender y comparar en forma particular cada automatismo en base a los siguientes parámetros: (a) métricas comparables de desempeño (tiempo de ciclo, tasa de error, costo por transacción, cumplimiento); (b) condiciones de gobernanza (auditoría de algoritmos, seguridad en tecnología operacional, OT, y tecnología de la información, IT; gestión del cambio); (c) efectos distributivos en empleo y calificaciones; (d) sesgos y transparencia en gestión algorítmica; y (e) métodos de minería de procesos para descubrimiento, conformidad y rendimiento; (f) identificar los factores de éxito particulares de cada dimensión, que es necesario observar para la implementación exitosa de cualquier automatismo. A su vez pensando en la evaluación de la implementación de un automatismo, estas dimensiones permiten estimar efectos del diseño pre‑post puesta en funcionamiento; comparar lógica cableada vs. programada en tiempo de ciclo y fallas; medir costos de mantenimiento por cambios de versión en RPA; evaluar transparencia percibida y confianza en la gestión algorítmica; y analizar la relación entre observabilidad (registros de eventos, trazabilidad) y aprendizaje organizacional. En síntesis, la utilidad práctica de la taxonomía no reside en etiquetar por etiquetar, sino en habilitar decisiones informadas: escoger el automatismo adecuado, documentarlo con precisión, prever salvaguardas y diseñar métricas que permitan aprender sin interrumpir la operación.Como conclusión final, se puede afirmar que identificar y entender los tipos de automatismos ?por señal/lógica, tecnología, arquitectura/función, tipo de proceso y articulados por el eje sociotécnico? aporta un marco de referencia operativo para describir cómo se debe coordinar las acciones organizadas para la implementación de automatismos en las organizaciones.La utilidad de esta clasificación radica en facilitar diagnósticos, conversaciones interdisciplinares y decisiones de diseño, dejando a su vez abiertas para futuras investigaciones la evaluación de impactos, las comparaciones causales y el desarrollo de guías de gobernanza.